Por qué nos dan poquito y nos quitan mucho. Y cómo despertar.
Don Chuy recibe su apoyo. Está contento. Por fin alguien voltea a verlo.
Pero en su plato solo hay harina y azúcar. Casi nunca hay proteína. Y un cuerpo sin buena comida se cansa más.
Mientras tanto, el político sale de la tienda de lujo. Joyas, ropa cara. Todo con el dinero del pueblo.
Algunos ya están detenidos. Acusados de robar y de andar con gente muy peligrosa. Los expedientes lo dicen.
Y en el hospital no hay medicinas. Faltan para los niños. El dinero que era de ellos se fue por otro lado.
Don Chuy lo ve todo. Pero soltar duele. No quiere traicionar a los suyos. Eso le pasa a cualquiera. No está mal de la cabeza.
El apoyo que llega lo ve cerquita. El robo lo ve lejos. Por eso el poquito le gana al mucho.
Hasta que un vecino, de igual a igual, sin burlarse, le muestra que sí se puede vivir mejor.
Nadie está perdido. Don Chuy tampoco.
La pobreza no se cura con un apoyo que no alcanza. Se cura con oportunidades de verdad: trabajo, salud y castigo al que roba.
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